Torre 2, interior 4.
Ella, con ese gesto de encoger los hombros y acomodarse el cabello tras la oreja. Muchas noches se hicieron madrugadas mientras soñábamos lo que seríamos con el pasar del tiempo, y también hablábamos de amor, y yo pensaba que ella era tan testaruda y ella se reía de mí, de mis enamoramientos, de ese amor que yo pensé que nunca superaría. En esos días, aquello que nos preocupaba mucho, sabíamos en el fondo, que eran tonterías, que todo pasaría y que nuestra vida sería brillante, porque a los veinte años la vida es brillante. Un día un carro y el odio de alguien ajeno irrumpió nuestras jóvenes y brillantes vidas. Fue un mensaje que me envió al celular mientras yo ensayaba una obra de teatro: una noticia, y la siguiente vez que la vi sus ojos, ya no tenían veinte años. Me quedé cerca, casi nunca la vi llorar, casi nunca me dijo lo que sentía; pero en su forma de tratarme sabía que me agradecía infinitamente quedarme otra tarde con ella, y yo sólo quería hacerlo, porque no entendía su dol...